Entrevista a Paula López Droguett

Autora de Este cuerpo no es mío, el decimonoveno número de Pewen Cuadernos de Fotografía, la colección de fotolibros dedicada a autores iberoamericanos.

La obra de Paula López Droguett explora un mundo propio entre lo íntimo y lo emocional de la simbología cotidiana y familiar. Construye nuevas imágenes como fragmentos y escenografías de una historia tan universal como personal. Su compromiso vital con la defensa y reivindicación del feminismo han marcado su discurso como mujer y artista.

Fotografía de la serie Este cuerpo no es mío © Paula López Droguett

Las imágenes que componen Este cuerpo no es mío fueron halladas en un antiguo centro de estética de Buenos Aires, ¿estabas trabajando sobre temas de género y cuerpo o tu interés  surge a partir de las imágenes encontradas? ¿Cómo fue el hallazgo del archivo?

En la maestría en Lenguajes artísticos combinados que cursé en Buenos Aires tuve una asignatura que se llamaba Topología, en donde trabajamos el concepto de límite; nuestro primer límite es el cuerpo, y esto las mujeres lo sabemos bien. Al ser el primer límite también es el primer territorio de conquista y dominación. En este periodo leí mucha teoría feminista y comencé a trabajar en lo que sería Este cuerpo no es mío.

Comencé la investigación y recopilación de información e imágenes haciendo fotos a mi propio cuerpo. Fotografié mucha publicidad donde se utilizaba el cuerpo de mujeres para promocionar productos. Desde estos primeros acercamientos fueron saliendo cosas importantes para el proyecto como la fragmentación del cuerpo y su objetualización. Apuntes significativos para lo que sería la primera edición del libro.

El antiguo centro de estética donde encontré las imágenes del archivo no era más que la nueva casa de un amigo. En una de nuestras conversaciones me contó que el antiguo arrendatario tenía un centro de estética y que había dejado algunas cosas en la casa, le pedí me las mostrara. Fue allí donde se produjo la revelación. Todo lo que yo estaba buscando en la calle, de manera intencionada, estaba ahí de forma natural. Cuerpos fragmentados, objetualizados. En estas imágenes estaba todo lo violento y lo explicito de esta manipulación: la separación constante a la que obligan a enfrentarse a la mujer entre su identidad y su cuerpo. Implantada desde siempre, con frases como: “tu cuerpo es más débil”, “debes comer menos”, “a las mujeres no les salen pelos”, “estas x medidas son las correctas”, “esto es bello – esto no”, “eso no es de señorita”, “aclara tu piel”, etc. Frases que nos hacen sentir que habitamos un cuerpo equivocado, incorrecto, inacabado e inferior porque desde niñas hay cosas que nosotras no podemos hacer: salir a ciertas horas; vestir de cierta forma; andar solas por la calle. En las fotografías del centro de estética estaba todo esto. Toda esta violencia naturalizada.

Muchas personas han pensado que el libro es una crítica a las mujeres que deciden operarse, sin embargo, no se puede pensar una obra feminista desde la crítica hacia las mujeres. Es una crítica sin duda pero al deber ser, al ejercicio de poder frente a otro que se supone en deuda o en estado inferior desde su nacimiento.

Fotografía de la serie Este cuerpo no es mío © Paula López Droguett

Este cuerpo no es mío acaba de ser publicado por Muga como número de su colección Pewen Cuadernos de Fotografía  dedicada a autores iberoamericanos. Ya antes, en el año 2015, se había publicado el trabajo como ganadora del primer premio FoccoLibro del Festival de Fotografía Focco de Coquimbo en Chile. ¿Cómo ha sido volver a enfrentarte en un trabajo ya publicado?, ¿cuáles fueron tus expectativas de esta nueva edición?

Me sentí muy cómoda con la propuesta de volver a trabajar Este cuerpo no es mío. En cierto sentido los proyectos nunca están cerrados del todo como si estuvieran en un diálogo constante con nuevos significados que son revelados con el tiempo. A tres años de la primera publicación, he vuelto a pensar la obra con mayor distancia y con nuevos cuestionamientos. Era necesario tener en claro adónde queríamos que llegaran las imágenes, qué es lo que se está mirando y desde qué posicionamiento: con el respeto que se merecen las fotografías y las personas que hay detrás de ellas. Ese cuidado es importantísimo, porque hay que liberarse de los juicios y poder hablar del tema de una manera que nos involucre a todos. Al tratarse de un material de archivo es súper importante hablar con claridad de las ideas y hacia donde apunta el trabajo. De qué manera se conjugan las imágenes para crear esta narración, editar el libro en conjunto fue eso, afirmar las lecturas y soltar la obra para que entrara en diálogo con otras miradas.

Desde tus primeros proyectos demuestras tener un perfil integral con respecto a las artes visuales, has trabajado tanto la fotografía como la instalación y has publicado libros y realizado exposiciones. Pareces tener claro cuáles son tus herramientas de trabajo y no limitas tu trabajo artístico a un único soporte o género. ¿Cómo es ese proceso en el cual decides los materiales para contar una historia?, ¿Qué te motiva e impulsa a trabajar de una manera u otra?

Estudié artes visuales, y creo que ahí está la primera razón de esta libertad que me permito. No me limito a la fotografía porque considero que el concepto de la obra es más importante que su producto o imagen final. La obra será respecto a las herramientas que poseo en relación a las temáticas que estoy trabajando, temáticas que están vinculadas con mi experiencia vital. En mis trabajos siempre intento despertar emociones (y sacar las propias), recuerdos, sensaciones que me parecen potentes, abismales. Conectarme con lo animal, lo incierto, lo vulnerable, todo lo que nos diferencia de ser un producto terminado, todo lo que siempre ha estado ahí pero parece no tocamos, porque es tabú, porque son cosas de las que no se hablan.

Parece que en las artes, la emoción es una temática de poca importancia, donde lo sensible se ha destinado a las mujeres y “lo histérico” es concebido como una tontera sin importancia, bajo esta concepción solo se consigue agrandar más la brecha entre emoción – cuerpo – mente. Para mi es importantísimo trabajar sobre esta brecha; el volver a tocarnos, el permitirnos ser vulnerables; lo sensual; el misterio; el reconocernos como diferentes y hacernos cargo de que esa diferencia nos obliga a un respeto y conocimiento del otro. Por esto es que no puedo abordar siempre una obra desde la fotografía. A veces hay que permitirle al cuerpo recordar otras cosas: el despertar imágenes con olores u objetos, construir algo al reagrupar fragmentos de historias pasadas, propias o ajenas y crear algo nuevo, que en mi caso se sostiene desde lo mínimo y que siempre puede cambiar por la intervención del espectador, esto es lo que me parece liberador.

La mayoría de las historias que componen tu obra están íntimamente relacionadas entre sí por una temática general en la que parece que reivindicas, no sólo el rol de la mujer en la sociedad, sino también un modo de trabajar a partir de retazos, vestigios y fragmentos que te permiten recrear tu propia interpretación de la memoria popular, ¿por qué diriges la mirada a lo inutilizable?, y ¿qué aporta a los  temas  que desarrollas trabajar con esta visión nostálgica sobre lo objetual?

No es nostalgia aunque sí me interesa lo inservible. Considerar algo inservible o utilizable es algo muy subjetivo. Una postura claramente avasalladora. Ya sea por nuestro género, condición social o raza, también estamos “destinados” a servir o no para algo, lo que me parece tremendamente incómodo e irreal.

A mi parecer los objetos personales se vuelven amuletos, que cuentan historias y nos proyectan como si la energía de un momento se pudiera almacenar en algo.Solemos atribuir súper poderes a esos objetos o incluso a partes del cuerpo, en este sentido me parece que el amuleto es parte importante de lo que somos, como también lo es la acumulación, ambas son conductas muy animales que nos permiten sacar fuera lo que está dentro. El crear obra con fragmentos me ha permitido entrelazar historias, despertar la memoria de muchos y reivindicar lo inservible y lo roto, la belleza de un gesto anterior o todo lo que ha pasado antes para estar ahora viendo o haciendo esto. Me parece que es hacerse cargo del tiempo y eso la fotografía lo sabe hacer muy bien.

¿Qué proyectos tienes por delante?

Para este año me he propuesto producir, mirar lo que ya hice, pensarlo y comenzar cosas nuevas. Hacerme cargo de mi presente, lo que significa hacer una limpieza en muchos ámbitos, como ordenar el escritorio o la pieza antes de ponerse a trabajar, bajarme de la necesidad abrumadora del hacer y re mirarme. Un tiempo que está destinado para mí pero también para otros/as, la importancia de dejarse inundar por otros/as. Crear en conjunto por ejemplo, se ha vuelto importante para mí, este año hemos iniciado en Chile la Cooperativa de Fotógrafas, somos alrededor de 26 fotógrafas, que desde el comienzo hemos creado una instancia de aprendizaje mutuo y de proyectos en conjunto. A esto debo sumar mi trabajo como docente de fotografía y nuevos proyectos colectivos junto a fotógrafas y artistas mujeres que he ido conociendo en este último tiempo: un proceso de mirar a otras y aprender.

En exposiciones, actualmente estoy exhibiendo el proyecto Maternidad en la Galería ArtexArte de Buenos Aires (Argentina), una curatoría de Ana Casas Broda y Gisela Volá. El mismo proyecto está expuesto en el centro cultural de Pichidegua en Rancagua (Chile) en el que se han realizado conversatorios sobre la violencia obstétrica en torno a la muestra.  Ahora en abril estuve en San José Foto en Uruguay, también con mi proyecto Maternidad donde obtuve el Premio Revisión de Portafolio de San José Foto. Por último, me encuentro preparando junto a la curadora Romina Resuche lo que será la exposición de Maternidad en el Festival Internacional de Fotografía de Valparaíso de este año, exposición a propósito del Premio al Mejor Portafolio del año 2017. Estoy volviendo a tomar mi cámara y trabajando en dos nuevos proyectos.

Fotografía de la serie Este cuerpo no es mío © Paula López Droguett

Paula López Droguett (Santiago, 1987) es artista visual y docente con formación en cine, fotografía y artes visuales. Ha exhibido su obra en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, España, Francia, Italia y México. En 2015, el Festival de Fotografía Focco le otorga el Premio FoccoLibro para publicar Este cuerpo no es mío. En 2017 obtiene el Premio al mejor portafolio del año en el Festival Internacional de Fotografia de Valparaíso y el Premio de Arte Contemporáneo Fragua. Recientemente ha sido galardonada con el Premio Revisión de Portafolio de San José Foto en Uruguay  por su proyecto Maternidad. Actualmente reside en Valparaíso (Chile).

+ información sobre su obra en https://paulalopezdroguett.com